Sobre el Proyecto y la Metodología

Imagen: “Buscando nuevos lenguajes al margen de la autorreproducción arquitectónica” Collage producido por Carlos García González

¿Cómo se pueden desarrollar prácticas del diseño donde la dualidad, la diversidad o la transversalidad sea algo fundamental o necesario? Establecer nuevas metodologías de diseño híbridas parece muy relevante para la consecución de proyectos con capacidades duales, con varias capas de información en su diseño y que atiendan a diferentes demandas simultáneamente.

Partiendo de la hipótesis de la existencia de algún tipo de enfermedad, estancamiento y autorreproducción generalizada alrededor del diseño, especialmente alrededor de la arquitectura, y la pertinencia de propuestas de nuevos modelos para su evolución y consecuente liberación, se valida la necesidad de una transformación en la relación de la disciplina creativa con la sociedad. Es necesario reescribir el lenguaje que articula las variables del proyecto, de los trabajos creativos y de los productos diseñados. La adopción de un lenguaje arquitectónico internacionalmente común, uno de los temas principales de la reciente Bienal de Venecia 2014, dirigida por Rem Koolhaas y OMA, y la imposibilidad de hablar en estos años de situaciones arquitectónicas que evolucionen a través de sus propias condiciones locales definidas por entornos sociales, geográficos, climáticos, políticos… hace que nuestras sociedades tiendan hacia una homogenización, que no sólo provocará el mayor aburrimiento metropolitano inimaginable, sino que generará ciudades psicológicamente enfermas, que adoptarán condiciones arquitectónicas de origen externo como imposiciones incuestionables. Evitar este futuro, esta condena urbana en la que todas las metrópolis serían iguales y que conceptualmente significaría el mismo castigo urbano, de alguna forma aquel propuesto por proyectos utópicos de los años 60 y 70[1], es posible desarrollando nuevos modelos arquitectónicos que sean capaces de independizarse de las influencias externas globalizadoras y alumbren nuevas relaciones posibles, utilizando la arquitectura como instrumento para ello. Por esto, parece pertinente cuando se habla sobre el proyecto, la siguiente pregunta: ¿tiene alguna validez contemporánea el concepto de Condensador Social? [2] Esto es, recuperar de algún modo los objetivos de esos dispositivos arquitectónicos, para transformar y permitir la evolución local, las costumbres y tradiciones de cada ciudad, de cada país, y crear así la diversidad y riqueza que la arquitectura puede ofrecer, y ser máquinas para promover infinitas posibilidades. Independientemente de su tamaño, la libertad de la disciplina arquitectónica pasa por, que además de la función propia del objeto en cuestión, presagie un posible futuro al que llegar mediante el uso de la misma. Influenciar a los usuarios para que utilizando la arquitectura nos introduzcan nuevas formas de vida, nuevos hábitos sociales, a los que todos los ciudadanos deben estar atentos, para retroalimentar las técnicas de diseño con permanente nueva información.

Se deben potenciar los mecanismos que den lugar a situaciones arquitectónicas más acordes con la diversidad y no al contrario. Cualquier imposición o autoritarismo (arquitectónico o no) provoca la anulación del individuo y el fracaso acechará en un horizonte cercano. Al mismo tiempo es importante medir la problemática que existe en los proyectos que trabajan a partir de numerosas opiniones y/o propuestas provenientes de los ciudadanos, es clave. Los resultados de un muestreo, por definición, son medias, y una situación media implica a la mediocridad que un condensador social de liberación de la arquitectura, no necesita.

Notas:

[1] “Ya no habrá necesidad de ciudades o castillos. No tendrán razón de ser las carreteras o las plazas… Emprenderemos ese camino sin provisiones, llevando sólo objetos queridos. Podremos decir: mi casa estará aquí durante tres días, dos meses o 10 años. Haremos acrobacias musculares y mentales complicadas. Jugaremos a juegos maravillosos, de habilidad y amor. Hablaremos mucho y miraremos al sol, las nubes y las estrellas.” Extracto del storyboard de la narración de la película Supersurface, en Casabella nº367, 1972.
[2] El término Condensador Social surgió en los años 20 y se puede utilizar para un edificio, un complejo, un distrito o incluso para una ciudad entera, con la condición de que, en cualquiera de los casos, además de la función propia del objeto en cuestión, independientemente de su tamaño, presagie la arquitectura y el urbanismo del futuro de tal manera que sus futuros usuarios crezcan acostumbrándose a ello. A través de su uso, un condensador social nos introduce en una nueva forma de vida, en nuevos hábitos sociales. El Condensador Social puede ser entendido como una suerte de mecanismo que transforma los hábitos, para transformar a un hombre antiguo, producto del sistema capitalista, en un ‘nuevo hombre’. Fue una herramienta capaz de transformar a toda la sociedad y además, en la opinión de los Constructivistas, era la herramienta más decisiva.