Distancia emocional

Diría que hay sólo dos tipos de viajes, aquellos viajes en los que te diriges a un lugar que no conoces y aquellos en los que vuelves.

Desde la oscuridad del no-lugar que supone un avión, miro hipnóticamente una pantalla digital que muestra un mapa con el recorrido de la aeronave y algunos datos cuantitativos del vuelo. Hay algo que no había visto antes y es que el mapa muestra la zona del globo terráqueo donde es de noche. Nuestro avión vuela permanentemente dentro de la sombra que se mueve por La Tierra, ocultándose durante 14 horas en una larga noche desde México a Japón.

En esta ocasión es lo primero y quiero aprovechar de forma natural la distancia emocional, con la ingenua ambición de tener alguna conclusión tras los 5 días que pasaré en Japón.

La distancia emocional te da la oportunidad de trazar un diagnóstico novedoso con impunes aciertos. Y digo impunes, porque los errores o delitos que un extranjero puede cometer por desconocimiento de prejuicios en ocasiones sobrevalorados, (especialmente en Europa), no son realmente importantes en un foráneo, ya que nunca es lo que se espera de él. Los ojos de un primerizo avezado, le permiten hacer una lectura diferente a la de aquellos atrapados por el peso de lo cotidiano.

En el campo de la arquitectura, existen oficinas en las que los equipos de trabajo son conformados intencionadamente por personas de diferentes nacionalidades con el fin de aportar diferentes perspectivas, desde diferentes distancias emocionales buscando la propuesta original.

Por este motivo, existen personas adictas a la distancia emocional, como si la emoción fuera un asunto a evitar, que viven en permanente movimiento, evitando caer en la comodidad del sedentarismo, adoptando un estilo de vida nómada que les permita realizar propuestas sorprendentes, volando su práctica creativa dentro de la oscura incomodidad que evita el confort de un hogar, anhelando el amanecer de la innovación, de lo original.