Diario de una visita a la XIV Bienal de Arquitectura de Venecia / 1ª parte

Día 1

8:00h

Hoy no he podido dormir. Anoche llegué muy tarde a casa y he tenido unas tareas que me han retrasado mucho. He cogido el bus a las 6:00am desde Atocha. El traslado ha sido rápido, sin contratiempos. Dos horas por delante en Barajas. Todavía no hay puerta de embarque asignada en las pantallas. Elijo un asiento en la inmensa terminal para cerrar los ojos mientras escucho en mis auriculares música relajante de una aplicación que me he descargado con sonidos pregrabados de arroyos, ranas, arpas… y al sonido de un gong chino despierto rodeado de gente tras una horita durmiendo. Me levanto y busco en las pantallas mi puerta de embarque y compruebo que ésta no es ni más ni menos que donde había estado sentado con los ojos cerrados. De la inmensa T4 fui a elegir el sitio desde donde iba a salir. Esta casualidad me produce un rubor emocionante.

10:49h

Sobrevuelo Venecia, veo agua y tierra. Me recuerda a las tantas veces que he sobrevolado Rotterdam cuando vivía allí. La isla aparece a mi derecha de una forma cinematográfica en un travelling de izquierda a derecha. Pienso que vamos a aterrizar en el agua. Compruebo que los vaporettos navegan por calles delimitadas por estacas clavadas en el fango.

11:48h

He comprado un billete para ir en vaporetto a la Plaza San Marcos donde tengo reservado mi hotel. En la dársena de embarque observo a mis compañeros de viaje. Me atrevería a decir que puedo discernir a los que vienen a la Bienal de arquitectura. Su forma de vestir, sus cortes de pelo, sus complementos, equipajes… me resultan familiares. Me pregunto si ellos igualmente pueden decir lo mismo de mí. Imagino que sí. Somos inevitablemente prisioneros de nuestro diseño como habitantes. Me refiero a que vivir es en sí un acto de diseño. Diseñamos nuestra forma de habitar en el planeta tierra, día a día, desde que nacemos.

Me acuerdo de los versos de esa canción que dice “a veces pienso que en el mundo real hay tres bandos, los unos que viven y otros que lo intentan, los terceros sólo sueñan”.

Ahora navegamos por esa calle acuática que vi desde el avión. Me doy cuenta que las estacas que veía son en realidad tres. Tres troncos de madera inclinados formando una especie de cono clavado en el terreno fangoso de la laguna y atados superiormente con dos aros metálicos. Hay cientos, miles supongo, cada uno diferente al anterior.

11:59h

Es muy extraño ver un paisaje urbano con agua rodeándolo. Me propongo encontrar el encanto de Venecia. No es la primera vez que estoy aquí pero si es la primera vez que tengo éste propósito. Lo primero que me viene a la mente es por qué es confrontar Venecia con una ciudad costera cualquiera. Sé que soy muy parcial en este asunto. Me considero alicantino y me encanta el agua. Y este agua lejos de ser un elemento de disfrute programático me parece que se convierte en un elemento puramente visual. Ni de lejos piensas en bañarte o bucear en ella. Todavía no he visto ninguna caña de pescar. El agua aquí es un borde, un límite que confina los territorios urbanos.

12:30h

Acabo de ver un canal… totalmente retorcido, facetado en su composición, fachada frente a fachada separada por agua. Sin duda es pura poesía física. Los turistas subidos a los puentes que unen los canales ensayan sus posturas en forma de croissant mientras empuñan sus cámaras de fotos e intentan captar la belleza del lugar. La humedad, el sol reflejándose en el agua, el olor, el sonido o más bien la ausencia de éste… no sé si serán capaces de captar eso en las fotos.

Llevo viendo el Campanille de la Plaza San Marcos desde hace tiempo. Es la referencia que me orienta. Pero todavía estamos lejos de él.

12:52h

Los colores del cielo y el agua se parecen mucho y el paisaje urbano aparece como finas tiras de papel dibujado cosido en el límite entre ambos.

12:57h

Pasamos con el vaporetto por delante de la puerta de entrada de la Bienal, donde me encerraré los próximos días. Grupos ordenados caminan por el paseo que lleva a los Giardini. Un señor trajeado está sentado en un banco mirando el mar.

La sucesión de fachadas que saludan al navegante tienen un aire de dignidad y humildad simultánea. Contraventanas quebradas, monocapas desconchados, humedades infinitas, soluciones metálicas oxidadas…

15:30h

Ya he descargado mi maleta y estoy en la Bienal. Entro en los Giardini y veo el pabellón de España que habla de la importancia del interior. “Sin interior no hay arquitectura” dice su comisario. Fotografías enormes de interiores de edificios, acompañadas de secciones enormes. Junto a ellas una selección de 6 ó 7 obras de similares características tipológicas que de alguna forma se entiende que alimentan la obra expuesta y que en sí representan el paso, o la superación de la Modernidad que el director de la Bienal, Rem Koolhaas, ha propuesto como tema global del evento.

Al fondo está “Elements”, la exposición que realiza Rem Koolhaas y su oficina de OMA. Se divide básicamente en 15 salas dedicadas a 15 elementos de la arquitectura, en la que se analiza el desarrollo de cada elemento en los últimos 100 años. En la sala de “Ventana” vemos una colección de ventanas desde 1780 hasta 1938, entiendo que se quiere mostrar los antecedentes de la ventana y como entra el Movimiento Moderno de lleno en este elemento, cuando desaparece la ornamentación de las vidrieras, las formas picudas y ovaladas, los relieves… Al otro lado una muestra de producción de partes de una ventana contemporánea. Multitud de piezas y perfiles de aluminio. Una industria compleja.

15:50h

En la sala del “Pasillo” se lee: “el pasillo encuentra su apoteosis como elemento de organización de varias formas de celdas en la arquitectura con las prisiones, los asilos y la vivienda social”. El pasillo es un elemento diseñado casi siempre sólo según la normativa de evacuación de cada lugar. La expo discurre entre pasillos con fotografías de otros pasillos.

16:50h

La sala dedicada al “Balcón” me parece singular. Alrededor de una impresionante alfombra se clasifica el elemento en categorías: político, liminar, focal, público-privado, interior-exterior, individual-colectivo. Esta alfombra está delimitada en todo su perímetro por un espejo vertical que llega a una altura de un metro aproximadamente y que refleja infinitamente la textura de la alfrombra, dando la sensación de flotabilidad a los balcones.

En la sala de “Cuarto de baño” vemos la investigación de un profesor de Cornell que dedicó su vida a investigar metódica y diagramáticamente la utilización de los elementos del cuarto de baño. Hay una colección de inodoros de diferentes países y culturas.

La sala del “Muro” tiene una serie de muros paralelos construidos. Desde una fachada de 1639 de piedra caliza de 30 cm de grosor, pasando por ladrillo y adobe, hormigón con fibra óptica, a telas ignífugas y vidrio. El elemento más singular de la sala sin embargo, es una pared de la propia habitación, rota, donde se ve la fábrica original de ladrillo y la pared de cartón-yeso que realmente tocamos. Entre ellas hay un espacio oscuro de de un metro de distancia por donde discurren instalaciones. Recuerdo un video en el que Rem Koolhaas cuenta que los arquitectos hemos sido relegados a esos dos centímetros que suponen esa fina pared.

17:30h

La sala de la “Fachada” es la más tecnológica de todas. Vemos muestras reales a escala 1:1 de obras de Herzog y De Meuron, Alejandro Zaera y Frank Gheri, entre otras.

La dedicada a la “Rampa” parece una de las más interesantes porque se puede experimentar. Se pueden probar diferentes tipos de rampas o pendientes. Hay una serie de peldaños fascinante que varía la contrahuella de forma parabólica en sección. Algo prohibido por normativa, al menos en España. Además divide la zanca en dos partes, una para andar y otra para sentarse. La pruebo y me parece que funciona bien.